Entre el arte y la palabra.

Por: Chema Urrutia 


Pareciera que los días se hacen largos y cortos al mismo tiempo. La relatividad del tiempo depende de la libertad con la que los pensamientos inundan mi cabeza. Entre el arte y la palabra. Escribo para otros. Abandone la libreta, me abandone a la suerte de la promesa de ser alguien. ¿Es que para ser en este mundo desbocado, debemos adormecernos con estabilidad? 

Han pasado más de dos meses desde que escribí con la mano en el corazón. Lleno de un sedante producido para los sueños. La ironía de estar y ceder a verdades que no apelan a nuestra esencia. Entre el arte y la palabra. Pareciera que los días son siempre en el mismo orden: mañana, tarde y noche. Pareciera que las horas pasan de forma ascendente. Pareciera que la Verdad es incuestionable. 

Entre el arte y la palabra se encuentran las aguas más turbias. El peso de la libertad es aquel que nos dice que solo hay una verdad a la que vale la pena aferrarse: a la propia. Pero ¿Quién tiene el coraje para descubrirla? ¿Quién es suficientemente auténtico para darle la espalda al mundo? ¿Cómo es posible entender que abandonar lo dado es sinónimo de la preocupación más genuina que podemos tener por lo humano? Formas aletúrgicas de nuestra voz. 

Siempre con el riesgo de caer en el olvido, en una inmersión de tradiciones, buscamos, construimos y destruimos. Bailamos en busca de comprender algo que solo se entiende el día que deja de existir. Entre el arte y la palabra estamos, con la mano en el tintero y la mente en la poesía. Con la libertad de fracasar. Con la complejidad de lo sencillo. Con la vida desvaneciéndose entre los dedos.

Así que llora compañero. Porque esta vida se vive paso a paso. Sin atajos, sin pisos. Con la certeza de que todo pasa, todos pasamos. Llora compañero, que hoy solo nos queda estar, entre el arte y la palabra.


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